El fondo de emergencia no está pensado para ganar dinero
Está pensado para comprar tiempo.
Y esa diferencia es importante.
Cuando aparece una pérdida de empleo, una avería importante, una caída temporal de ingresos o cualquier imprevisto serio, tener liquidez evita que una emergencia financiera se convierta además en una mala decisión.
Vender una inversión en mal momento.
Utilizar una tarjeta de crédito.
Pedir financiación urgente.
Cerrar una operación porque necesitas el dinero.
El colchón existe precisamente para evitar eso.
¿Tres meses? ¿Seis? ¿Doce?
No existe una cifra universal válida para todo el mundo.
Una persona con empleo estable, dos ingresos familiares y pocos gastos fijos no tiene la misma exposición que un autónomo cuyos ingresos cambian cada mes.
Por eso resulta más útil pensar en meses de gastos esenciales.
Si tus necesidades básicas mensuales son 1.500 €, entonces:
3 meses = 4.500 € 6 meses = 9.000 € 9 meses = 13.500 € 12 meses = 18.000 €
La matemática es sencilla.
Lo importante es decidir qué nivel de protección tiene sentido para tu situación.
Cuanto más variable sea tu ingreso, mayor debería ser el margen
Un trabajador con una alta estabilidad laboral puede sentirse cómodo con un fondo menor.
Un autónomo, empresario, comercial a comisión o profesional cuyos ingresos fluctúan debería valorar una reserva mayor.
También influyen:
- personas económicamente dependientes;
- hipoteca o alquiler elevado;
- deudas;
- estado laboral;
- seguros disponibles;
- otras fuentes de ingresos;
- facilidad real para encontrar nuevos ingresos.
¿Dónde debería estar ese dinero?
El objetivo principal no es maximizar rentabilidad.
Es disponibilidad y estabilidad.
Por eso un fondo de emergencia no debería depender de que una inversión suba para poder utilizarse.
Tampoco debería mezclarse mentalmente con el capital destinado a trading o inversión.
Son funciones diferentes.
Tener liquidez también es una estrategia
El dinero inmóvil suele parecer poco productivo.
Hasta el día en que evita que tengas que tomar una decisión financiera desesperada.
Un buen patrimonio no está formado solamente por activos que crecen.
También necesita una estructura capaz de absorber golpes.
El fondo de emergencia cumple exactamente esa función.
